Martes 16 de Diciembre de 2008
ACOSO SEXUAL EN INTERNET:
Diario del child grooming
El acoso a menores por internet está en aumento.
Por JUAN LUIS SALINAS T.
La pesadilla explotó una medianoche de febrero de 2008.
En la pantalla del computador de Nicole - nombre ficticio que escogimos para proteger la identidad de esta niña de 12 años, de anteojos ovalados y pelo oscuro- se repetía un mensaje con letras mayúsculas, signos de exclamación y dibujos de caras amenazantes.
- Yo no soy Karlita, soy el Pedro, cabra estúpida. ¡Ya no podís entrar más a tu mail!... Si te sales del computador ¡jamás vas a volver entrar! Te cambié la contraseña, sácate toda la ropa ahora frente a la cámara, si no lo haces, no te devuelvo tu msn y le mando todas las otras fotos que te tomé sin ropa a tu mamá... Sé donde vives... conozco tu teléfono... Te estoy mirando.
Apenas lo leyó, Nicole sintió que algo no la dejaba respirar, que la angustia la acorralaba y que en su garganta se ahogaba un sollozo. En su cabeza se repitieron todas las veces que se subió la camiseta y se sacó los pantalones frente a la web cam. Comenzó a temblar y, sin hacer caso a las amenazas, apagó el computador y salió corriendo al dormitorio de su madre que dormía en la pieza del lado. Con fuerza abrió la puerta, encendió la luz que llevaba horas apagada y reventó en llanto.
- Todavía puedo verla parada ahí, con la cara bañada en lágrimas, pidiéndome que nos fuéramos lejos, porque había un hombre amenazándola por el computador - dice Cecilia Riquelme, la madre, quien esa noche llegó cansada de su trabajo como auxiliar de enfermería en una clínica privada. Esa noche, apenas saludó a su hija, le exigió que no se quedara chateando hasta tarde. Eso sí, le pidió que si se conectaba su otra hija, la hermana mayor de Nicole que desde hace tres años vive en Estados Unidos, la saludara.
- Para comunicarnos con ella, compramos esa máquina...Y, bueno, también para que Nicole no se sintiera sola porque yo, por mi trabajo, tengo horarios complicados - explicaría al día siguiente a los detectives de la Policía de Investigaciones cuando fueron a hacer la denuncia.
Pero esa noche madre e hija no durmieron.
Con palabras entrecortadas y una enorme sensación de culpabilidad, la niña le contó cómo se inició todo. Cómo hacía unas semanas se había hecho amiga de una niña llamada Karlita por messenger; cómo Karlita la había contactado con otro niño que se presentó bajo el nombre de Pedrito y cómo esos dos amigos - que suponía de su misma edad- de súbito se transformaron en uno solo. En un enemigo. En un acosador que la había engañado y que, indignado porque Nicole había apagado el computador, empezó inmediatamente a llamar al teléfono de la casa para insultarlas.
- Sé que tu hija está sola durante el día. La voy a ir a raptar y te la voy a devolver muerta - dijo la voz del hombre cuando Cecilia le pregunto qué quería y le suplicó que dejara de llamarlas.
Cecilia, con una mezcla de miedo y rabia contra la ingenuidad de Nicole, cortó el teléfono.
Comenzó a temblar con su hija.
Aunque era febrero, y la noche, calurosa.
El término "grooming" en inglés significa forzar o molestar. A grandes rasgos, consiste en cualquier acción para socavar moral y psicológicamente a una persona hasta controlarla a nivel emocional. Aunque puede producirse en cualquier instancia, sus alcances criminales van mucho más lejos porque cada vez es más común que este acto se realice contra niños o adolescentes, con el objetivo de obtener algún tipo de contacto sexual. Según la psicóloga Angélica Marín, directora del departamento de protección al menor del Sename, hoy es mejor hablar de "child grooming". El método consiste en tomar contacto con menores de edad, mediante los canales de chat o mensajería que proporciona internet. La regla es cambiar identidad, sexo y edad, para lograr establecer una amistad. Es el primer paso. Luego tratan de intercambiar fotografías, concertar una videoconferencia y lentamente comienzan a acosarlos hasta mantener una relación sexual virtual. Tal como sucedió con Nicole, los victimarios consiguen o roban las claves del msn, tienen acceso a los contactos y los extorsionan. Los amenazan con distribuir sus imágenes. Así consiguen más y mantienen la relación de abuso.
Como estas plataformas de comunicación arrasan entre niños y adolescentes, el fenómeno aumenta su peligrosidad. Un estudio realizado este año por el programa Educared de la Fundación Telefónica, en colaboración con la Universidad de Navarra, concluyó que el 95 por ciento de los adolescentes entre 10 y 18 años iberoamericanos accede de modo habitual a internet, incluso aunque no dispongan de conexión. En Latinoamérica, Chile lidera el acceso a computadores en el hogar, con 82 por ciento de los encuestados.
El adolescente chileno es el que mayor uso le da al messenger (85 por ciento) y ocupa el tercer lugar en el uso del correo electrónico (68 por ciento). El estudio también arroja datos sobre la seguridad en la red. Dice que el chateo con desconocidos es una práctica habitual entre uno de cada tres adolescentes chilenos.
El 27 de febrero, Cecilia y Nicole llegaron a las oficinas de la Brigada del Cibercrimen, en la calle General Mackenna. Venían cansadas, nerviosas, sin haber desayunado. No sabían que su denuncia se convertiría en un caso emblemático. Que lo vivido la noche anterior - algo que no podían explicar ni entender- sería el primer caso de "child grooming" (acoso y abuso de menores por internet) que aclararía esta unidad policial dedicada a investigar los delitos que se cometen por la red. Tampoco que marcarían un precedente jurídico al aceptar la idea de la fiscal Paola Zárate, de la Fiscalía Metropolitana Occidente, de iniciar un juicio oral en tribunales. Una decisión que obligó a madre e hija a enfrentar agotadoras jornadas de declaraciones y a sobreponerse a una larga y terrible temporada de dudas que estuvieron a punto de quebrar aún más su ya fracturada tranquilidad.
Entonces no sabían que el responsable de las amenazas era José Durán Caroca, un estudiante de informática de 26 años quien no sólo vivía en el mismo pasaje de Nicole, en la Villa Juan Guzmán Cruchaga en Pudahuel Sur; era el vecino del frente. El mismo que Nicole veía pasar cuando llegaba del colegio, que se vestía de negro y que conocía como Pepe, pero con quien nunca cruzó una palabra. Ni siquiera un saludo.
Sólo después sabría que, si corría las cortinas rosadas de la ventana de su dormitorio, podía ver su casa.
- Yo había tomado todas las precauciones. ¿Quién se iba a imaginar que algo tan horrible podría pasarnos dentro de la misma casa, que el enemigo estaba ahí mismo, que había entrado a pesar de tener las puertas cerradas y sólo nosotras adentro? - dice Cecilia Riquelme (madre de dos hijos mayores de un primer matrimonio y quien tuvo a Nicole en una segunda relación que terminó), quien, luego de largas conversaciones con los detectives, su abogado y la fiscal Paola Zárate, logró entender que su hija no tenía la culpa de nada de lo que había sucedido. Que era la víctima de un abusador que simuló ser su amigo y se aprovechó de su ingenuidad.
Antes de esa noche de febrero, esta mamá ni siquiera había escuchado el término "child grooming". No imaginó nunca a todo lo que podría acceder Nicole con la conexión de internet que decidió instalar un mes antes. Cuando volvía del trabajo sólo veía que ella se entretenía bajando canciones y conversando por messenger con algunos amigos del colegio y con su hermana mayor.
Entonces Cecilia estaba convencida de que Nicole estaba mejor frente a la pantalla que en la calle.
Desde que tomó el caso de Nicole, la fiscal Paola Zárate asumió que tenía que llevarlo a un juicio oral. El concepto grooming recién está haciéndose conocido, mientras que en el mundo irrumpió en 2005. Los primeros casos aparecieron en Australia, Alemania y Estados Unidos, donde ya tienen tipificado este delito y además castigan las circunstancias que rodean su comisión. A diferencia de Chile, donde recién se está presentando un proyecto de ley para perseguir este delito. Por lo mismo, la fiscal pensó que si sancionaba lo vivido por Nicole se podría sentar jurisprudencia.
Antes se habían conocido otros casos, cuyos acosadores fueron condenados, pero sin juicios orales. Eso sucedió con el de una niña de 15 años de Las Condes que fue embaucada por un tipo que se hizo pasar por productor de un programa de televisión juvenil, y la convenció de desnudarse para aumentar sus posibilidades de aparecer en el programa. Otro en Rancagua con un estudiante universitario, quien, simulando ser mujer, contactó por chat a cuatro menores de entre 13 y 17 años de un mismo colegio quienes le enviaron fotografías íntimas.
Ese mismo miércoles 27 de febrero los detectives consiguieron una orden para requisar el computador de Nicole. Vestidos de civil y en autos sin placas ni balizas, llegaron a la casa y subieron al dormitorio de la menor en el segundo piso, sacaron los monitos de peluche que adornaban su escritorio, desarmaron su equipo y sólo se llevaron el disco duro en sus chaquetas.
Durante las noches, de incógnita, la policía comenzó a vigilar el pasaje. Durante esas noches, las luces del segundo piso en la casa de Nicole nunca se apagaron. Ni ella ni su mamá podían dormir. Temían que el intruso siguiera acosándolas y retomara sus amenazas. No se equivocaron. Durante varias semanas y siempre en la madrugada, el teléfono comenzaba a sonar insistentemente. Casi como si fuera un ritual. Al principio decidieron no contestar, por recomendación de los detectives, pero una noche Cecilia respondió. Sólo escuchó una respiración profunda.
- Sé que estás escuchándome. ¿Qué quieres?, dime... - le preguntó angustiada.
Al otro lado de la línea, una voz masculina masculló groserías y le respondió:
- Voy a quitarte a tu cabra, la voy a violar, sacarle fotos y después te la voy a devolver.
Después de eso nunca más volvió a escucharlo. Cecilia entró en crisis y dejó por un tiempo su trabajo en la clínica. Dice que caminaba como una muerta. Y eso era malo porque una muerta no puede proteger a su hija. Ya había empezado marzo. Nicole volvió a clases mientras su madre rezaba para que llegara todos los días sin problemas.
La detective Esmeralda Ponce (26 años, y una de las tres mujeres que trabajan en la Brigada del Cibercrimen) fue la encargada de explicarles a Cecilia y Nicole de qué se trataba el "child grooming". El jefe de la unidad decidió que si hablaba con una mujer, y por separado, le resultaría más cómodo.
Esmeralda primero se reunió con Nicole. Durante tres horas escuchó su historia. Sabía que había detalles que no se atrevió a contarle a su madre. Temblorosa y con la vista baja, le dijo que un mes antes apareció una niña en su msn que se presentó como Karlita y que le dijo que también le gustaban los monitos japoneses, y que también pasaba mucho tiempo sola porque su mamá trabajaba. De inmediato se hicieron amigas y durante casi una semana conversaron todas las noches. Un día su nueva amistad le comentó que conocía a un niño de 15 años que se llamaba Pedrito, que vivía en San Pablo y sus papás también lo dejaban en la casa.
Nicole, o "Abejita" como usaba de nick en el chat, no dudó en incluirlo entre sus contactos.
Al poco tiempo se hicieron inseparables en msn. Tanto que a Nicole no le preocupó que Karlita desapareciera del chat. Un día, Pedrito, después de decirle que le mostrara su cara y comentarle que era bonita, le pidió pololeo. Ella aceptó. Total - pensó- sólo sería por internet.
Dos semanas después empezaron las insinuaciones que rápidamente fueron subiendo de tono. Primero le preguntó si era virgen. Luego le pidió una foto de ella en ropa interior, después que se sacara su ropa frente a la cámara web y que le mostrara su cuerpo. Sin darse cuenta, la niña siguió el juego, hasta que un día sintió miedo y se negó a sus peticiones.
Ahí empezaron las primeras amenazas: "Le voy a contar a la Karlita que eres mala"; "Voy a mostrarle las fotos a tu mamá"; "Sé que tu mamá trabaja en una clínica y que hoy tiene turno de noche".
Ella jamás le había dado esa información.
Nicole dejó de comer. Sintió vergüenza, sabía que había hecho algo incorrecto y temía que la castigaran. Un día mojó la cama.
Cecilia, la mamá, pensó que todo se debía a una depresión por el cambio de casa, porque hace poco habían vuelto a vivir a su antigua casa en Pudahuel. Una tarde se lo preguntó. La niña guardó silencio. La castigó, creyendo que con eso lograría que le contara lo que estaba pasando. Se equivocó. El silencio de Nicole creció, igual que el vacío en su estómago.
Fue entonces cuando su amiga Karlita reapareció en el chat. Nicole le contó su problema y le entregó su contraseña de msn para que hablara con su supuesto pololo. Ahí el acosador comenzó a actuar directamente.
- Entró por la pantalla del computador como si fuera una ventana - recuerda Esmeralda que Cecilia le dijo, cuando conversaron. La detective le mostró los videos explicativos de "child grooming" que tiene en su computador. Con las crudas imágenes (muchas de ellas reales), la madre entendió lo que antes le habían comentado los otros detectives. En ese momento, para su alivio, asumió que su hija no tenía culpa de nada. Que ella y Nicole eran víctimas.
La psicóloga Angélica Marín concuerda con eso.
- Es cierto que los adolescentes, en un comienzo, pueden desconfiar de alguien que les pide que muestren su cuerpo. Pero a la décima sesión ya han generado un vínculo, una confianza que el abusador aprovecha. Un contexto basado en las cosas que se han contado, en la seducción, el engaño y el establecimiento de una seudoconfianza. Y, luego, cuando se dan cuenta de su error, de que los engañaron, sólo piensan en la reacción de sus padres. Los padres tienen que enseñarles a sus hijos que no hay nada tan terrible que no pueda ser contado; también, que la culpa no la tienen ellos, sino el adulto agresor. Esto es muy importante, porque los niños agredidos quedan con mucha culpa; siempre sienten que pudieron haber hecho clic y haber borrado a su victimario.
Las cosas cambiaron el 19 de abril cuando Cecilia recibió una llamada de Jaime Jara, el jefe de la Brigada del Cibercrimen. Cauteloso, le anunció que tenían identificado al sospechoso, pero que no podía darle más detalles.
- Necesito que esté tranquila. Trate de que la niña no salga a la calle. El tipo es de la cuadra - le dijo el comisario de Investigaciones.
Esa tarde Cecilia esperó en la esquina a que la niña se bajara del bus, la tomó de la mano, se fueron corriendo a la casa y puso el candado en la tosca reja metálica, que hace poco había instalado en la puerta de entrada.
Por su cabeza, en esos momentos, sólo desfilaban las caras de todos sus vecinos.
Cuatro días después, a las nueve de la mañana, un completo operativo policial - esta vez con sirenas ululando y personal con las placas en la mano- allanó la casa de José Duarte. El sospechoso estaba en su dormitorio. Un lugar decorado con muchos juguetes que parecían no haber salido nunca de sus cajas, como los Caballeros del Zodíaco y Los Transformers; fotografías de su adolescencia en las que aparecía como doble de los Backstreet Boys; cintas de video con animaciones artesanales protagonizadas por estas figuras; un computador donde luego encontraron fotografías y grabaciones de pornografía adulta e infantil, entre las que estaban las imágenes de Nicole.
- Lo que más nos impactó era que desde su ventana se podían ver las cortinas rosadas de su víctima - dicen Alfonso González y Jonathan Calabrano, dos de los detectives que participaron en el operativo.
- Los abusadores que cometen grooming son distintos a los que cometen daños físicos, que son los que más comúnmente conocemos. En su mayoría, son personas que tienen un nivel de conocimiento que supera la media, lo que los ayuda a convencer y seducir a sus víctimas. Algunos conocen bien el lenguaje virtual usado por los menores y son capaces de escribir como ellos: usan emoticones (los símbolos sonrientes con los que adornan sus mensajes) y ocupan colores ingenuos para teñir sus textos. Pero lo más importante es que, muchas veces, más allá de material pornográfico, buscan obtener un poder que no puede encontrar o controlar en su espacio cotidiano - dice la psicóloga Angélica Marín, del Sename.
Así quedó evidenciado durante el control de detención, cuando el inculpado renunció a su derecho a guardar silencio y dijo que no era pedófilo. Que todo lo había hecho para vengarse de la madre de Nicole, porque supuestamente hace doce años se le había insinuado a su padre (muerto en enero). También porque su vecina lo había acusado con su madre cuando niño de arrojarle piedras a su casa. Las excusas no le sirvieron. "Si no es capaz de solucionar los problemas con sus vecinos como un adulto y llega a este nivel de venganza en que afecta a una menor, no queda más que esperar una conducta repetitiva", dijo el juez del Primer Tribunal de Garantía y lo envió a prisión preventiva.
A pesar de que significó más desgaste emocional para madre e hija, tanto la investigación como el juicio a este acosador fueron rápidos. Nueve meses de indagaciones desde que pusieron la denuncia y tres días en el tribunal. Tres jornadas de declaraciones y descargos de emociones fuertes: el testimonio de Nicole (quien relató su historia en una sala aparte y no se atrevió a mirar a su agresor en el televisor que pusieron en la sala); la experiencia de otra niña del barrio al que el inculpado también contactó por msn, y la exhibición del resto de los videos que encontraron en su computador. Secuencias que tomó desde su ventana y en las que se veían a niñas aún menores jugando en el pasaje, mientras la cámara se enfocaba en sus entrepiernas.
Las pruebas fueron contundentes. José Duarte fue condenado a cinco años de cárcel por los delitos de abuso sexual, amenazas, producción de material pornográfico infantil y delito informático.
Son las cuatro de la tarde. Es lunes 8 de diciembre. Es feriado y viene llegando del centro donde su mamá le compró un cobertor con dibujos de Mickey Mouse. Está en pleno proceso de decoración de su dormitorio. Partió reordenando los muebles, especialmente su cama que antes estaba cerca de la ventana. También cambió su antiguo computador por un notebook, que sólo ocupa algunas horas y en el que tiene registrados sólo a sus compañeros de curso.
De su antiguo dormitorio sólo quedan algunos juguetes de peluche y los dibujos japoneses que ella misma hace en sus ratos libres. Y las cortinas rosadas, que aún no se atreve a correr por completo. Pese al calor.
Nicole está más tranquila. Dice que ya está superando todo, pero que no le gusta recordar lo que pasó. Y se le nota. En su cabeza las fechas se confunden, su mirada se esconde tímida tras sus anteojos y la mayoría de sus respuestas son monosílabos a los que siguen silencios incómodos.
- Sé que es difícil, pero yo creo que tendré que seguir con mi vida normal. Me había prometido a mí misma que iba a cerrar todo después del juicio, no quería hablar más de lo que pasó... Pero también sabía que tenía que hacerlo cuando fuera necesario - dice repentinamente con un hilo de voz mientras juega con Pablo, su gato negro.
- Es que no quiero que le pase a otra niña - explica antes de que le pregunten. Y mira a Cecilia, su mamá, que durante todo el rato no ha dejado de observarla desde el umbral con los ojos brillantes.
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